Estamos en el último cuatrimestre del año, fechas en las que se llevan a cabo diferentes entregas de reconocimientos de todo tipo, tanto en México como en Estados Unidos. La mayoría de estos premios, anuncian con bombo y platillo las listas de “nominados” en una extraña combinación de artistas grandes con artistas de nueva generación.

Detrás de las grandes ceremonias, siempre se tejen misteriosas telarañas, donde siempre el dinero es uno de los poderosos manejadores de estas fiestas. Eventos como los premios de un canal de vídeos, siempre anuncian sus ceremonias con llenos impresionantes y que los premios se entregan por el “voto” del público. Cuando se desarrollan estos eventos, el recinto no está al 100% de su capacidad, y no existe una información donde realmente se compruebe que el público fue quien hizo ganador a tal o cual grupo. Aunque anuncian que los ganadores fueron elegidos por un grupo selecto de personalidades expertas en la música, o mejor dicho, los ganadores son aquellos que más pagan por su premio.

Experiencias recogidas con personas cercanas a intérpretes como El Komander, quién el año pasado pagó una suma de dinero, pues le ofrecieron el premio Mejor Intérprete Masculino del Año, y sorpresivamente el premio se lo llevó Julión Álvarez, o también El Compositor del Año, quien el premio iba originalmente destinado a Espinoza Paz, quién no quiso asistir a estos premios en México, y la presea se la dieron a otro compositor, que con la pena se llevó una sonora rechifla, pero los cambios de última hora en la producción, fueron los culpables de estas situaciones. O casos como el de Gerardo Ortiz, que para que asistiera a estos premios, le iban a dar un reconocimiento especial, y que nunca se lo entregaron.

Otras situaciones se viven previo a la ceremonia, pues invitan a todas las estrellas del género musical, para que se diga que se reúne a la crema y nata de la música, pero, ¿qué sucede?, cuando confirman su asistencia, llega una lista de precios, en la cual te rentan las sillas donde te vas a sentar, pagas por desfilar en la alfombra roja, ¿quieres entrevistas? Debes pagar otra cuota, y así podemos enlistar un largo etcétera, para unos premios en los cuales, no acaban de encajar entre los expertos en música y crítica especializada.

Esto no es nada nuevo, esto es una herencia que dejaron los desaparecidos Premios Furia Musical, cuando eran dirigidos por Blanca Martínez, pues hacían prácticamente lo mismo, cobraban desde las invitaciones hasta los grupos que deseaban cantar durante el evento; los premios, estaban condicionados, vienes, te lo doy, no vienes, pierdes todo. Es ahí donde retomamos la pregunta que da título a este blog ¿Honestidad o ego, el pagar por un premio? Hay grupos que tienen grandes logros durante el año, y no son reconocidos con un premio o simplemente no son tomados en cuenta en la lista de nominados.

El otro lado de la moneda, cuando los grupos se esfuerzan durante todo un año, para obtener el reconocimiento del público, y llegan a ofrecerles premios, y estos pagan por obtenerlos. ¿Vale la pena tanto esfuerzo durante un año, sacrificar a la familia, a los amigos, mal pasarse para que al final, vengan y ofrezcan comprar un premio, que se supone el público vota para elegir a los ganadores?

O es un ego, el pagar un sin número de reconocimientos, para presumir la presea en la oficina o meterlo en algún vídeo musical, para que digan: “es el premio del año pasado”. El ego en los artistas es grande, pero un reconocimiento hace más grande el ego, pero, ¿a qué precio?

Por eso, la pregunta la dejamos abierta, pero que analicen la situación, si es que realmente vale la pena pagar por un premio.

Por: Xorhe Sanz
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